Cada revista era definitivamente un rayo de luz, un rayo de esperanza, en dos millones y medio de personas que recibieron el mensaje de esperanza, de fe. De optimismo en el pronto regreso de nuestro Señor Jesucristo. Definitivamente fue un acontecimiento sin precedente en la historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Perú y Sudamérica, ya que más de cincuenta millones de revistas fueron repartidas en nueve países de Sudamérica.
Que maravilloso es ver las noticias que llega de la Misión Andina que desde muy temprano la iglesia se movilizaba; en Arequipa Cuzco donde nuestros jóvenes organizados salieron a repartir las revistas a sus pares en los campos universitarios; en Puno y Juliaca los estudiantes de las instituciones educativas adventistas, al compás de las bandas de guerra, repartían esperanza a través de la revista “Viva con Esperanza”.
En la ciudad de Lima, como en otras ciudades, nuestros líderes de los grupos pequeños, guiados con croquis en la mano de los lugares señalados, para repartir la revista, dirigieron a sus respectivos grupos pequeños para cumplir la misión de la bendita esperanza.
En el Oriente Peruano, los niños, jóvenes, adultos y ancianos paralizaron las calles en una marcha multitudinaria de esperanza. Una anciana de distrito de Villa El Salvador, con el rostro y manos marcados por el tiempo, con un bastón que le ayudaba en su lento caminar, exclamó: “No quiero perderme este hermoso privilegio que Dios me concede a mis ochenta y cinco años, de ir y proclamar su pronto regreso”.
Sólo una palabra: “¡GRATITUD A DIOS!” por concedernos el gozo de ser agentes de esperanza.
Edgardo Muguerza Florián
Comunicación
Unión Peruana del Sur