I Trimestre 2010: El Fruto del Espíritu Santo

 

Estudio de esta semana:

 

 

 

 

 

Lección 13: Cuando Moises le pidio a Dios que le mostrara su gloria, el Señor le reveló su carácter como misericordioso, piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad (Éxo. 34:6). Y así, “nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, [nosotros] somos transformados de gloria [carácter] en gloria [carácter] en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Cor. 3:18).
“Al creer en Cristo, la raza caída que él redimió puede obtener la fe que obra por el amor y que purifica el alma de toda impureza. Aparecen entonces los atributos que nos asemejan a Jesús: porque contemplándolo los hombres se transforman a su imagen de gloria en gloria, hasta adquirir su carácter. Se produce buen fruto. El carácter es modelado de acuerdo con la divina semejanza, y se manifiesta integridad, rectitud y verdadera benevolencia” (MeM 55)
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LECCIÓN 12: La palabra griega para "verdad" es alétheia, y tiene dos significados. Uno es la verdad objetiva (hechos reales, veraces, o principios), y el otro es la verdad vivida (la verdad como una excelencia personal: una mente sincera que está libre de afectación, pretensiones, disimulo, falsedad o engaño). La verdad, entonces, es lo que sabemos, los "hechos objetivos". Pero también está el elemento vivencial de la verdad, que conlleva la manera en que respondemos individualmente a lo que aprendemos. Cuando ambos son reales en nuestras vidas, manifestamos la verdad como un fruto del Espíritu.
Por eso, ambos elementos son vitales para el andar cristiano. Necesitamos saber la verdad objetiva básica como se encuentra en Jesús, y luego necesitamos la experiencia personal interior de que nuestras vidas cambien por medio de esa verdad.
Considera a Judas. Él estuvo con Jesús por tres años y medio, aproximadamente. A Judas se le revelaron toda clase de verdades. Vio cosas acerca de las cuales el resto de nosotros solo podemos leer. Y, no obstante, qué final triste tuvo. Prestemos todos mucha atención a esto.

 

 

 

Lección 11 Justicia: La semana pasada terminamos nuestro estudio de los nueve aspectos del fruto del Espíritu (Gál. 5:22, 23). Las próximas semanas estudiaremos dos más: "Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad" (Efe. 5:9). En este versículo Pablo repite la referencia a la "bondad", pero añade la justicia y la verdad. Esta semana consideraremos qué es la "justicia".
Entendemos la justicia de dos maneras. La primera es la justicia imputada de Cristo, que es lo que Jesús hizo por nosotros, la justicia que nos cubre y que es nuestro pasaporte al cielo. La segunda es la justicia impartida de Cristo, que es lo que él hace en nosotros, por medio del Espíritu Santo, para modelarnos a su imagen. Entendida de este modo, la justicia tiene dos componentes inseparables, aun cuando todo es realmente una sola: la justicia de Cristo, sin la cual no tendríamos esperanza de salvación.

 

 

 

Lección 10: AUNQUE LA TEMPLANZA (a veces traducida como “dominio propio”) es el último fruto del Espíritu en la lista de Pablo en Gálatas 5:22 y 23, no por eso es el menor. Bien podría haber sido el primero, porque desempeña un papel importante en la maduración del fruto del Espíritu. Podría haberse dicho que el dominio propio o templanza es el cemento que mantiene unidas todas las otras cualidades.
Como todo otro fruto del Espíritu, la templanza es un don de la gracia. Ha sido llamada “la gracia disciplinada”: gracia porque es gratuito, disciplinada porque hay algo que tenemos que hacer.
El dominio propio o templanza puede sonar negativo, pero es una parte integral de la gracia misma. Si no nos controlamos a nosotros mismos –nuestros sentimientos, nuestros apetitos, nuestros impulsos–, entonces ellos nos controlan a nosotros. Por lo tanto, o es dominio propio bajo la gracia y el poder del Espíritu Santo, o es ser controlado por alguna otra persona o cosa. En última instancia, nosotros decidimos.  

 

 

 

Lección 09: LA MANSEDUMBRE es un fruto del Espíritu que se ha perdido mucho en nuestra cultura agresiva y egocéntrica. Por cuanto la gente la asocia con la debilidad, la mayoría no admira a otros por ser mansos. Pero hemos sido llamados a ser mansos.
¿Qué es la mansedumbre? Es una actitud de humildad hacia Dios y de amabilidad hacia las personas. Es cuando reconocemos que Dios está en el control y que podemos confiar en él, aun cuando las cosas no sean como nos gustaría que fueran, lo que sucede a menudo. Para ser manso se necesita confianza, no en un mismo, sino en Dios.
Aunque la debilidad y la mansedumbre pueden parecer similares, no lo son. La debilidad es debida a circunstancias negativas, tales como falta de fuerza o de valor, palabras que no describen a Jesús, quien dijo: "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mat. 11:29). La mansedumbre, más bien, es el resultado de la elección consciente de una persona de confiar en Dios y apoyarse en él, en lugar de seguir los caminos propios. de modo que la mansedumbre surge de la fortaleza, no de la debilidad.

 

Lecciones anteriores:

 

 

 

Lección 4: COMO CAMPEÓN DE LA PAZ, Pablo escribió: "Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz" (Efe. 4:3). La palabra griega traducida aquí como "solícitos" es un imperativo, excluyendo toda pasividad, cualquier actitud de "espera y veamos". Debemos tomar la iniciativa. Si peleamos y discutimos en nuestros hogares, si formamos bandos en la iglesia, si rehusamos amar y honrar a otros, entonces estamos negando la paz de Dios en Jesucristo, la cual él estableció en la cruz.
Cuán irónico es tener que pelear por la paz. Eleanor Roosevelt, en una transmisión radial de Voice of America, dijo: "No es suficiente hablar acerca de la paz; debemos creer en ella. Y no es suficiente creer en ella; debemos trabajar por ella". La paz que Cristo ganó para nosotros también requiere esfuerzo, duro trabajo, y constante autoexamen.
Al estudiar esta semana, debemos preguntarnos: ¿He aprovechado esta paz que Jesús ganó para mí en la cruz? ¿Cómo puedo cooperar con el Espíritu Santo mientras él injerta esa paz en mi vida diaria?

 

   

 

Leccíon 05: EN GRIEGO, SON DOS LAS PALABRAS que expresan el significado de “paciencia”, otro fruto del Espíritu. La primera es hupomoné, traducida como “resistencia, constancia, y entereza” en circunstancias que no pueden ser cambiadas. La segunda palabra, makrothumía, significa “longanimidad”, “de gran disposición”. Es lo opuesto a “genio rápido”, “impaciente”, y “que se frustra fácilmente”. En general, significa mantenerse sin ser descarrilado por la adversidad. Generalmente se aplica a tener paciencia con la gente.-
Una persona paciente es apacible, amable y constante en toda circunstancia. La verdadera prueba de la paciencia no está en la espera, sino en cómo se conduce uno mientras espera. “Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Sant. 1:4).
Llegar a ese punto requiere práctica, demanda la gracia de Dios, y una disposición de poner el yo a un lado y entregarse a la dirección del Espíritu Santo. Las buenas noticias son que, si aprendemos paciencia, estaremos en condiciones de recibir también muchas otras bendiciones de Dios.

 

 

 

Leccíon 06: CUANDO PABLO ILUSTRÓ cómo se comporta el amor, la paciencia vino a su mente en primer lugar: “El amor es sufrido” (1 Cor. 13:4). Inmediatamente después de la paciencia, él escribió que el amor es “benigno”, mostrando que el amor y la benignidad van tan juntos que sin la amabilidad ningún acto es realmente hecho por amor.
La paciencia, vimos, es el amor que soporta. La benignidad, por otro lado, implica una expresión más activa del amor. A menudo la paciencia podría manifestarse al no hacer nada; la benignidad, en contraste, se manifiesta en aquello que decimos y hacemos. Esencialmente, en la manera en que lo decimos y hacemos; y, más importante aún, en el porqué lo decimos y hacemos.
La benignidad no está fuera del alcance de nadie, aunque pueda demandar sacrificio de tiempo y energía. La benignidad se revela de muchas maneras. Y, como su primo cercano el “amor”, tiene un poder increíble; la benignidad es un testimonio en sí misma y por sí misma de cómo es Dios.  

 

 

 

 

Lección 07: Bondad: EN LAS ESCRITURAS, “bondad” implica no solo exhibir una conducta correcta, sino también evitar lo opuesto, el mal. La bondad es santidad puesta en práctica. La bondad es lo que hacemos; de otro modo, no es “bondad” de ninguna manera. La palabra traducida como “bondad” (agathosúne) en Gálatas 5:22 denota una bondad activa, incluso agresiva. Más que una excelencia de carácter, es el carácter energizado, que se expresa en buenas acciones. A menudo oímos de alguien que tiene “un buen corazón” o que alguien es un “alma buena”. Por problemática que sea esta idea desde el punto de vista teológico (ver Jer. 17:9), es aun más en la realidad. Un “buen corazón” o un “alma buena” en sí mismos y por sí mismos no significan nada. En cambio, un “buen corazón” se revela en buenas acciones, buenas obras; en concreto, en actos prácticos de bondad para el beneficio de otros. Buenas intenciones, buenos pensamientos y buenos motivos están bien, y tienen su lugar; pero, al fin, la bondad es hacer el bien. Nos engañamos si pensamos de otra manera. 

 

 

 

Lección o8: Fe “fe” podría también ser llamado “fidelidad”. Habla de perseverancia, una firmeza de propósito, especialmente cuando se hace difícil avanzar.
La fidelidad implica adherencia firme. Los sinónimos incluyen lealtad, que implica lealtad invariable; constancia, que sugiere libertad de la incertidumbre; firmeza, que implica una lealtad tan fuerte a los principios o propósitos que no puede ser desviada; y determinación, que enfatiza una decisión invariable.
“Fe” y “fidelidad”, aunque están estrechamente ligadas, no son lo mismo. La fe es ese poder indefinible, un don de Dios, por medio del cual podemos creer en una realidad que todavía permanece invisible. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb. 11:1). La fidelidad, en contraste, es el resultado de este sistema de creencias interior. Cuando tenemos fe en Dios, actuamos de modo fiel. Los actos de fidelidad son una demostración de nuestra fe, y tales actos son los hilos que mantienen unido nuestro sistema de creencias y de conducta.